jueves, 1 de agosto de 2024

 En la casa vacía, el silencio desespera,

no hay risas, ni voces, solo la espera.

El caos reina sin cuentas que rendir,

la soledad se adueña, te hace sufrir.


Las sombras se alargan, el día se va,

la noche eterna, la oscuridad sin par.

El negro y el silencio se funden en uno,

todo es vacío, todo es ninguno.


Sin alma que hable, sin calor que abrace,

la vida se apaga, el corazón se deshace.

La soledad te llena de un hueco profundo,

te roba las ganas, te aparta del mundo.


El eco resuena en las paredes frías,

recuerda promesas, sueños, alegrías.

Pero todo es niebla, recuerdos que duelen,

y el alma solitaria lentamente muere.


Esperas en vano un cambio, una señal,

pero el tiempo se detiene, nada es real.

El vacío es tu hogar, la tristeza tu guía,

en la casa vacía, la soledad es tu compañía.

En el rincón del alma, un eco se desliza,
el silencio de la soledad, sin buscar, se halla,
espejo de pensamientos sin rima ni cadencia,
en su abrazo el tiempo se extiende, se encalla.

La soledad es silencio, pero su voz es estridente,
ideas que giran, libres, sin rumbo ni suerte,
en su vasto reino el reloj se vuelve ausente,
cada instante se alarga, cada segundo muerde.

El cariño perdido, en su ausencia se lamenta,
dolor que se alarga, más hondo, más se aleja,
la soledad hiere, como ropa mojada que atormenta,
prenda que deseas quitar, pero a la piel es terca.

Pesada como una losa, la cabeza no levanta,
el horizonte se oculta, la mirada se cierra,
en la soledad, el alma sufre y se quebranta,
una batalla interna, una interminable guerra.

Pero en el silencio, también hay espacio para sanar,
un respiro en la tormenta, un lugar para encontrar,
la soledad duele, pero puede enseñar a amar,
a uno mismo, en la quietud, en el vasto mar.

 En la casa vacía, el silencio desespera, no hay risas, ni voces, solo la espera. El caos reina sin cuentas que rendir, la soledad se adueña...