En el rincón del alma, un eco se desliza,
el silencio de la soledad, sin buscar, se halla,
espejo de pensamientos sin rima ni cadencia,
en su abrazo el tiempo se extiende, se encalla.
La soledad es silencio, pero su voz es estridente,
ideas que giran, libres, sin rumbo ni suerte,
en su vasto reino el reloj se vuelve ausente,
cada instante se alarga, cada segundo muerde.
El cariño perdido, en su ausencia se lamenta,
dolor que se alarga, más hondo, más se aleja,
la soledad hiere, como ropa mojada que atormenta,
prenda que deseas quitar, pero a la piel es terca.
Pesada como una losa, la cabeza no levanta,
el horizonte se oculta, la mirada se cierra,
en la soledad, el alma sufre y se quebranta,
una batalla interna, una interminable guerra.
Pero en el silencio, también hay espacio para sanar,
un respiro en la tormenta, un lugar para encontrar,
la soledad duele, pero puede enseñar a amar,
a uno mismo, en la quietud, en el vasto mar.
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